A modo de introducción
Lo que en un principio es simplemente una respuesta práctica al problema de la
propiedad privada y un medio de lucha más (la expropiacion de espacios), ha dado
paso a todo un mundillo de dinamicas, actitudes, discursos y personajillos
característicos que desde nuestra condicion de anarquistas despreciamos
profundamente. Que queda bien claro que el propósito de este escrito no es
atacar a unos individuos o colectivos determinados sino socavar o almenos
cuestionar ciertas prácticas, discursos y estereotipos.
Ganarse a la gente, perder el Norte
En el intento de ganarse a la gente de los barrios y fortalecer con el apoyo
popular la oposicion a la especulación, el movimiento okupa ha rebajado su
contenido crítico al reformismo puro y duro. No es de extrañar, pues, que
algunos C.S.Os (por llamarlos de alguna manera) no hayan tenido reparos en codearse con ayuntamientos, politicos de la izquierda parlamentaria e incluso con cajas de ahorros (Casa Encendida, Labo...). Por muchas veces que se grite eso de “Contra el Capital, Guerra Social�? lo que en realidad viene a criticarse no es mas que la especulación y el astronomico precio de la vivienda utilizando, eso si, un lenguaje radical y agresivo. Rarísimas veces se encuadra la okupación en una crítica unitaria y profunda a la vida cotidiana que se nos impone. La critica al precio del habitaje es perfectamente asumible por la mayoria de la gente apolitizada, pero tambien lo es para el propio Sistema, que no ve en esta reivindicacion ningun peligro o contradiccion para con sus pilares fundamentales. Poco quedaría de las movilizaciones okupas si los precios de la vivienda bajasen lo suficiente, aún cuando los mecanismos de dominacion que hoy sufrimos permaneciesen intactos, incluyendo la propiedad privada. Es más, a veces da la sensación de que algunos okupas no aspiran a destruir los cimientos de esta sociedad ni a tomar todo aquello de sus vidas que les ha sido robado, solo a pagar un alquiler barato y punto.
Una crítica revolucionaria que vaya mas alla de la reforma y que sea irrecuperable por el Sistema debe atacar el concepto mismo de la propiedad
privada, no solo la especulación. Despues de todo, okupar es expropiar. Los
efectos son distintos, pero en esencia tomar un espacio por la cara es lo mismo que atracar un banco, darle el palo a un recaudador o robar en el super. Okupar significa negar el derecho a la propiedad privada y contraponer a ésta los espacios liberados, a traves de los cuales la autogestion de nuestras vidas es viable. Las okupaciones tal como las entendemos ahora continuaran siendo legitimas mientras exista cualquier forma de propiedad privada, por mucho que bajen los precios de la vivienda.
Otra consecuencia nefasta de este intento de ganarse a la gente es el legalismo, tan de moda últimamente. Salvo excepciones muy concretas, como desalojos (a veces ni eso), se hace patente el rechazo hacia todo aquello que suponga un enfrentamiento real y cara a cara con el Poder. Se dice que es contraproducente, que echa por tierra nuesto mensaje, que no funciona, que nos pone en contra a todo el mundo, que tal, que cual y se acaban montando manis que parecen procesiones o realizando “acciones�? coloristas mas propias de Payasos Sin Fronteras que de un movimiento combativo, como por ejemplo dejar carbon en las inmobiliarias la noche Reyes o simular el tapiado de una ETT con pancartas (Si esto es guerra social, vamos apañados...). ¿Resultado? Se rien de nosotros en nuestras narices. No nos toma en serio ni Cristo, vamos. Pero claro, “hay que
convencer a la gente, porque sin ellos no tenemos fuerza�? y demás patrañas que nos recuerdan inevitablemente a las campañas propagandisticas que preceden a las elecciones. Algunas hace tiempo que pensamos que seríamos mucho mas fuertes si pasasemos a golpear donde duele y a extender un mensaje claro e irreconciliable con los valores dominantes, sin sacrificar nuestra lucha por aquellos a los que no les importamos una mierda y que no mueven un dedo ni por su propia libertad.
No aislarnos en nuestros espacios es necesario de cara a destruir todo aquello que nos oprime, pero de ahí a convertirnos en boy scouts hay un mundo. En ese sentido vemos muy positiva la reciente iniciativa de crear una Oficina de Okupación (aunque ya veremos como se desarrolla la iniciativa), asi como las respuesta que se ha dado a algun desalojo o los constantes sabotajes que se estan llevando a cabo últimamente contra immobiliarias y que tratan de sobreponerse, esperanzadoramente, a la insoportable levedad del movimiento okupa.
Del medio al fin
La expropiación ha sido siempre una herramienta de los movimientos
revolucionarios para tomar del enemigo aquello que no tenían y que sus proyectos requerían (armas, material de imprenta, dinero,...). Y aunque en determinados contextos historicos los robos han adquirido un cierto protagonismo en las luchas, jamás (que nosotros sepamos) se habian erigido como punto central de éstas. Hace ya un tiempo, y en parte a causa de la intoxicación mediatica, se situan las okupaciones y toda su periferia ideologica-estetica en el centro de la oposicion a lo existente. Se ha aislado esta forma concreta de lucha y se la ha señalado como la lucha. Este modo obtuso de ver las okupaciones desvía una lucha encaminada a destruir los cimientos de esta sociedad hacia el simple “okupar por okupar�? y reduce toda crítica revolucionaria a la queja anti-especulacion.
¿Okupa yo?
En la falsa conciencia colectiva alimentada por los mass-media, el okupa es el joven pseudoradical y antisistema que está en la edad de rebelarse, que se droga a tropel y que no sabe lo que se hace. La gracia de esta imagen es que en ella encasillan a practicamente cualquier persona que de alguna forma participe en el asalto a la sociedad. Desde las manis contra las carceles hasta los ataques a sucursales bancarias, todo las iniciativas de lucha que rompan minimamente con la lógica democrática son “cosas de okupas�?. Poco importa que la mayoria de personas que se involucre en estas iniciativas tengan tanto de okupas como de monjes budistas, la cuestion es hacer encajar toda la oposicion al sistema en la patética e inofensiva figura del okupa inconsciente, guarro y yonki.
La función de este metodo de manipulacion está lejos de ser una conscuencia más de la burda ignorancia periodistica, como muchos sostienen, sino que es una forma más de control hacia todo aquello que podría suponer una amenaza para la normalidad impuesta. Basta añadir el adjetivo okupa a cualquier iniciativa concreta de lucha para esterilizar y desacreditar su contenido crítico (“no saben lo que se dicen�?, “son jovenes�?, “ya se acomodarán�?, “no tienen ni idea�?...) cuando no hacerlo desaparecer por arte de magia (es facil que nadie se cuestione cierta critica si sabe que son “okupas�? las que la defienden).
Ante esta situación hay okupas que optan por limpiar su imagen y presentarse a si mismos como personas cívicas, educadas, respetuosas con los vecinos y dignas de la confianza de la buena pero engañada sociedad democrática. Aspiran a ser bien vistos por todos, a dar pena a las viejas y a que la prensa deje de llamarles guarros, yonkis o violentos, a menudo a traves de la creacion de proyectos asistencialistas y onegeros o bien tratando de extirpar de su alrededor todo aquello que no encaje con la figura del okupa bueno que cree que debe sacrificar el enfrentamiento por la buena prensa y el victimismo proselitista.
Se abre el telón...
No hace falta decir que, siguiendo la lógica de una sociedad espectacular donde la vida no se vive sino que es representada, no son pocas las que interiorizan religiosamente la imagen del okupa y tratan de reproducirla buscando en ella una identidad que pueda paliar un poco su debilidad psicológica. Y así como estamos rodeados de esclavos que se desvivien por parecerse lo maximo posible a los jovenes enrollados que salen en los anuncios de Nokia o del Corte Ingles tambien pululan por ahi tropecientos mil chavales que en el teatro de la vida se colocan el disfraz de okupi y desfilan por los centros sociales repitiendo como robots un guion escrito por otros. De ahi su sobrado gusto por hacer fotos y grabar videos de las okupaciones, las manis y demás movidas... Les encanta verse a si
mismos como protagonistas de una pelicula de cine. En la representación total encuentran la comodidad porque construyen su vida sobre la imagen y no sobre sus deseos y necesidades reales. Otro ejemplo lo encontramos en el tipico teatrillo de los dos okupas encapuchados subidos al tejado de la casa con una bengala encendida. Las caras tapadas y el fuego evocan disturbios y enfrentamiento, pero lo cierto es que ninguna de las dos cosas se estan dando en ese momento, todo son imagenes, puro espectaculo para justificar un discurso radical que no se corresponde con la práctica real. Evidentemente estos personajes jamas reconoceran que son el reflejo de una imagen artifical, y de hecho es muy probable que ni siquiera sean conscientes de que lo son (o de que lo somos).
Eso no significa, ni mucho menos, que estas personas no lleven dentro una
naturaleza rebelde que hostil a todas las formas de dependencia y dominio que le han sido impuestas, tan solo significa que de alguna forma no están siendo sinceras consigo mismas y que en vez de luchar por ser libres lo que estan haciendo es representar un papel que en la mayoría de los casos les satisface a medias (hablamos por los que conocemos). A nivel colectivo esta alienacion individual tiene como consecuencia la construcción de un enorme y patético circo, a menudo jerarquizado (los que mejor representan la imagen del okupa mas respeto acaparan), que en nada daña a lo existente y que en vez de liberarnos nos encadena a una variente más de no-vida.
Poniendo las cosas en su sitio
Apostamos por destruir el concepto de “movimiento okupa�? asi como la mentalidad reduccionista que lo sostiene. La okupacion de espacios es una herramienta sin más importancia que la que puedan tener las otras. Nuestra lucha no puede encerrarse entre los muros de ningun centro social porque estalla allí donde se da el conflicto, a veces a quilometros de la especulación inmobiliaria. Si perdemos la vision global de la realidad y dividimos la lucha contra lo existente en batallitas parciales jamás conseguiremos avanzar ni erigirnos como una amenaza real para las estructuras de poder y dominio. La revuelta tiene muchos frentes, pero eso no significa que debamos de atrincherarnos en uno y olvidarnos de los demás. No pedimos que se bajen los precios de los pisos ni que el ayuntamiento nos proporcione espacios, sencillamente cogemos lo que necesitamos para poder dirigir nuestras vidas sin depender de nadie, de forma alegal y sin dialogar con los responsables directos de toda esta mierda. Pedir, pactar, y dialogar con el Estado significa legitimar su poder, aceptar como válida su relación con nosotras y hacernos responsables de la represion que se ejerce contra nosotros mismos. Con el Estado el único dialogo posible es el de las piedras. Reprobar al gobierno y sus lacayos la represion cuando esta se vuelve “excesiva�? o criticar su manera incompetente de gestionas nuestras vidas son muestras de un servilismo y una doble moral que nos asquea. ¡Es su existencia misma lo que queremos eliminar! Si renunciamos a la coherencia en este aspecto habremos comenzado a renegar de todo lo que somos y queremos ser,
por muy beneficiosos que se nos pueda presentar el dialogo en ese momento determinado.
Planteamos la okupación como solución inmediata al problema de la vivienda pero tambien como forma de abolir la propiedad privada y romper el aislamiento masivo al que nos someten las ciudades. La okupación como parte, y nunca como todo. La okupación como punto de fuga en la sociedad del trabajo y el consumo. La okupación como creación de espacios liberados, no discotecas alternativas ni espacios de consumo “enrollado�?. No hay autogestion posible alli donde el tiempo y las relaciones personales vienen dictadas por la mercancía (drogas, en general) ni hay libertad real alli donde se necesitan seguratas, educadores o maderos. La represión tambien lleva rastas. O cresta.
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